El descarrilamiento del Tren Sarmiento en Liniers dejó heridos y abrió una investigación que, por ahora, apunta a una falla técnica en un cambio de vía. Los peritos no encontraron fallas humanas y el maquinista dio negativo en los controles. Todo indica un problema estructural del sistema ferroviario.
En ese contexto, sorprendió la intervención de Luis Majul, que vinculó el accidente con Cristina Kirchner sin presentar ningún dato que sostuviera la relación. Sugirió que “los fondos que faltan” podrían haber evitado el siniestro y cuestionó incluso “los bailecitos en el balcón”, mezclando tragedia y chicana política.
Ese tipo de asociaciones forzadas no aportan claridad y sí mucho ruido. Convertir un problema técnico en un ataque político gratuito solo alimenta la polarización y desvía el foco de lo que realmente importa: por qué un tren volvió a descarrilar en 2025.
Si la preocupación es la seguridad, la discusión debería estar en la infraestructura, la inversión y el mantenimiento. No en fabricar culpables a medida. Mientras Majul arma teorías a los tirones, los pasajeros siguen expuestos a un sistema ferroviario que aún no recibe las respuestas que necesita.
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