Milei y Caputo festejaron el índice de inflación

La inflación vuelve a estar en el centro del debate, esta vez no solo por sus números sino por la forma en que se la mide. La reciente modificación del índice de precios redefine qué gastos pesan más en el cálculo oficial, priorizando servicios y tarifas por sobre productos básicos que dominan el consumo cotidiano de gran parte de la población.

Desde el Gobierno, la nueva medición acompaña un discurso de desaceleración inflacionaria, celebrado como un logro económico. Sin embargo, la baja del índice no necesariamente refleja una mejora real en el poder adquisitivo, especialmente para los sectores que destinan la mayor parte de sus ingresos a bienes esenciales.

Las miradas críticas advierten que esta redefinición de la canasta puede mostrar una inflación más baja sin que ello implique un alivio concreto en la vida diaria. Los precios de los productos básicos continúan aumentando y erosionando los ingresos, aunque su impacto quede diluido en el índice general.

La discusión ya no es solo técnica, sino también política y social: qué se mide, cómo se mide y a quién representa. Mientras los números oficiales buscan ordenar el relato económico, la experiencia cotidiana sigue marcada por el ajuste y la incertidumbre.


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